domingo, 30 de octubre de 2016

El fantasma de la muchacha soltera


La muchacha soltera buscaba el amor,
Su figura engalanada en la puerta del cementerio,
Como un espectro lúgubre animado para la ocasión.

Era la noche de los difuntos,  el aire desprendía un extraño hedor.
Era la noche de los difuntos,  con un tétrico reflejo de luna.


Cerca del Aljibe, los enamorados que perecieron juntos,
Crujían sus esqueletos en una danza de pasión.
En el patio de armas el señorito bailaba con el labrador

Era la noche de difuntos, las madres celosas llenas de temor.
Sus hijos guardaban del fantasma que buscaba amor,
De laurel cubrían las ventanas, de sal el portalón.

En la noche de Ánimas, el joven apuesto tañía las campanas con clamor,
Osado y sin temor, no temía a los espíritus,
Sin embargo aquella noche ¡cuánta desgracia!, ¡cuánto dolor!

La vieja Jimena recorría las calles escudriñando cualquier rincón,
El joven confiado no vio una rendija en el campanario,
La muchacha soltera fue invocada y por la rendija entró.

El alma en pena abrazó con ternura al joven,
Las campanas dejaron de sonar, el silencio cubrió al pueblo de temor.
Y el espectro de la muchacha  detuvo su corazón.

Ahora cada noche de Tosantos,  desde la Torre al Cementerio,
Las nupcias  resurgen en  macabra celebración.

Y las madres celosas guardas en sus casas a sus hijos con mucha  aprensión.

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